Crítica de Teenage Mutant Ninja Turtles / Tortugas Ninja

La ciudad necesita héroes. La oscuridad ha caído sobre Nueva York. El futuro es sombrío, hasta que cuatro hermanos marginados, tortugas mutantes, aparecen desde las alcantarillas y descubren su destino como las Tortugas Ninja.

La nueva aparición de las queridas Tortugas Ninja viene de la mano del Amo de las Explosiones Michael Bay y la -no tan nueva- serie de Nickelodeon, que en el año 2009 se hizo con los derechos de este singular cuarteto y lo revivió, no en forma de fichas, para posteriormente lograr su salto a las pantallas de cine.

Ya tener en cuenta que el film tiene el visto bueno de Bay y proviene de una empresa como Nickelodeon Movies debería darle al espectador una idea general de que esperar. Las tortugas mutantes con nombres de pintores famosos vuelven más juguetonas que nunca y la trama apenas son hilos conductores para el desarrollo de escenas de acción destacables – inclusive un dudoso homenaje a la batalla final de The Amazing Spider-Man.

Desde el vamos, Teenage Mutant Ninja Turtles no está pensada como un vehículo nostálgico a las series y películas de los ’80 y los ’90, sino como un elemento pasatista para preadolescentes de hoy en día. La mística espacial y el choque asiático del gran villano de las tortugas se perdió en pos de un acercamiento más científico y «creíble», una idea más asible a los tiempos que corren. Y, por supuesto, a la intrépida reportera April O\’Neill la encarna ahora Megan Fox en un trabajo menos odiable que en la saga Transformers, pero aún con un sex appeal disminuido es el objeto de deseo absoluto. El encanto de las marionetas ha sido reemplazado por CGI -del mejor, pero CGI al fin y al cabo- y el realismo de las tortugas se nota, aunque sean colosales monstruos que le sacan varias cabezas a April.

Y más allá de la simpleza del guión y la rauda dirección de Jonathan Liebesman, Teenage Mutant Ninja Turtles no es el caos absoluto que uno pensaría que es. Tener una mentalidad de diez años ayuda a pasarla bien, viendo a los hermanos entrenar, comer pizzas, tirarse pedos e improvisar sesiones de karaoke y dubstep, así como también el despliegue de acción y efectos ayudan mucho a reforzar esa idea, con el descenso por la ladera de una montaña nevada siendo el mayor fuerte a la hora de llevarse algo positivo del film.

Pedirle mucho más que entretenimiento simple a Teenage Mutant Ninja Turtles es demasiado. Es apenas un poco más de hora y media de diversión inofensiva, con efectos más que decentes y un mínimo aderezo de nostalgia. Nada más. Y a esperar la secuela para 2016.

 

 

 

 

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Lucas Rodríguez

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