Crítica de The Professor and the Madman

Cuenta la historia que dio origen al diccionario Oxford, con el trabajo del profesor James Murray y el doctor William Chester, este último paciente en un psiquiátrico especializado en criminales con trastornos.

The Professor and the Madman, Entre la razón y la locura, Mel Gibson, Sean Penn

Una biografía sobre la creación de lo que hoy conocemos como el diccionario Oxford no resulta estimulante para una película de viernes o sábado a la noche. Es cuestionable hasta para un domingo lluvioso, pero increíblemente The Professor and the Madman es una llevadera biopic con una dupla protagónica aplastante, que eleva una propuesta que de otra manera podría resultar pretenciosa a rabiar.

Encerrada en desarrollo infernal, la adaptación de la novela “The Surgeon of Crowthorne” de Simon Winchester sería el siguiente proyecto de Mel Gibson tras la legendaria Braveheart, pero luego de que su carrera despegase se tardarían 20 años en finalmente en producir la historia. La anécdota es que no solo se tardó en filmarla, sino que posteriormente hubo problemas legales entre Gibson y la productora Voltage Pictures, que terminó en el actor rehusando a promocionar la misma y al director Farhad Safinia quitando su nombre como director y co-escritor. Tantos problemas la volvieron una rareza fílmica, y el resultado final es una sentida visión sobre el ímpetu humano frente a las adversidades, y representa una historia inaudita que muchos no conoceríamos de no verla adaptada en la pantalla grande.

Gibson, quien parece haber vuelto a la gracia de Hollywood luego de sus comentarios antisemitas, hace notar la pasión por el proyecto interpretando a James Murray, un profesor con escasos antecedentes académicos que resuelve ponerse al frente de la tarea titánica de compilar todas las palabras del inglés, con las raíces de las mismas en otros idiomas. El ambiente académico lo resiente por no tener mérito suficiente, pero la intervención de agentes benévolos (uno de ellos el siempre servicial Steve Coogan) lo encamina en su ambiciosa empresa. Junto a un dúo de ayudantes (Ioan Gruffudd y Jeremy Irvine), Murray se pone a ello y enfrenta dilemas para rastrear los orígenes de palabras tan sencillas como “arte”. La ayuda cae del cielo cuando William Chester (Sean Penn), un convicto criminal con un desorden mental severo, envía inestimable ayuda desde un psiquiátrico, aportando gran cantidad de entradas y resolviendo pequeñas disidencias entre los escolares.

The Professor and the Madman, Entre la razón y la locura, Mel Gibson, Sean Penn

Murray debe defender su trabajo frente a los académicos mientras lidia con una crisis familiar al abandonar a su esposa (Jennifer Ehle) y sus hijos constantemente para sumergirse en trabajo, mientras que Chester carga con el peso de su pasado al intentar resarcir a la viuda del hombre que mató por error (Natalie Dormer) y al superintendente del psiquiátrico (Stephen Dillane), quien tiene métodos poco ortodoxos rayanos en la barbarie para tratar a su paciente estrella. No son pocos los palos en la rueda que tienen los protagonistas, pero el destino los espera y su obra no verá la luz a menos que se vuelquen en cuerpo y alma sobre ella.

Gibson y Penn son el motor de todo el film, entregando todo para interpretar a estas figuras históricas prácticamente desconocidas, pero no por ello menos importantes. Uno a veces se olvida que está frente a leyendas del cine, y basta con ver cómo encaran la personificación de sus personajes para hacer memoria. Ambos se han volcado a la silla de director, pero de vez en cuando bajan a tierra a recordar a los mortales de su poder frente a cámaras. The Professor and the Madman no es excusa y juntos o por separado devoran la pantalla con energía y emoción. Las subtramas linderas a la creación del diccionario le permiten ejercitar los músculos a todo el elenco y estirar la duración un poco más para llegar a las dos horas, pero el show les pertenece a Gibson y Penn.

Esta maravillosa historia cuenta con altibajos, mayormente desde su producción, que se filtraron hacia la historia y la dañan por ese costado.  El guion de Safinia, en conjunción a los retoques de John Boorman y Todd Komarnicki -luego de la salida del primero del proyecto-, sigue los preceptos convencionales de una biografía, mientras que visualmente no se destaca entre las numerosas propuestas del estilo. En sencillas palabras, es una película que miraremos una vez y no recordaremos a la posteridad si sacamos del camino las interpretaciones protagónicas.

6 puntos