Sex Education, deja el sexo a un lado para darle paso a las relaciones interpersonales

Algunas líneas sobre la tercera temporada.

En la era del streaming es mucho más factible desarrollar producciones con contenidos más adultos e incluso explícitos; siendo la panacea para realizadores que no tenían lugar en la señal abierta o el cable. De este modo, el sexo y la sexualidad se han convertido en temáticas recurrentes de las actuales producciones de plataformas, aunque muchas veces retratado con morbo, sobreexposición y de manera explícita e innecesaria, enmarcándolos dentro del estereotipo del tabú. Es entonces que llegan producciones como Sex Education, que deciden tomar una consigna clara: educar con frescura y sin prejuicios, para conseguir una sociedad menos hipócrita y más empática.

Sex Education es una serie británica de comedia dramática, creada por Laurie Nunn y estrenada en enero de 2019 vía Netflix. Está protagonizada por la reciente ganadora del Emmy, Gillian Anderson, Asa Butterfield y Emma Mackey, entre muchos otros. Su segunda temporada llegaría en enero de 2020; mientras que su tercera temporada aterrizó en septiembre de este 2021, y ya se ha confirmó una cuarta.

La estética de la serie es cuanto menos curiosa. Pese a que en apariencia el alcance tecnológico es actual, visible en el uso de los celulares, los entornos y decorados parecen mantenerse entre las décadas de 1970 hasta 1990. Dicho esto, el programa presenta en gran medida tecnologías más antiguas, como televisores CRT y electrodomésticos anticuados. La decoración de la casa de los Groff recuerda a la popular de los años ’70; la caravana de Maeve es típica de los años 1990 y 2000; y la casa de los Milburns tiene una decoración más moderna. Moordale High School también muestra algunos elementos de las escuelas secundarias británicas, además de tener una imagen más estadounidense de secundaria. Estos elementos sirven para ubicar la historia en un período y ubicación inciertos.

La misma se desarrolla en un Reino Unido moderno, en el pueblo ficticio de Moordale, en donde un adolescente socialmente incómodo llamado Otis Milburn se presenta como una persona ambivalente sobre el sexo, debido a que su madre es una terapeuta sexual que es franca y abierta sobre todos los aspectos de la sexualidad. Después de ayudar inadvertidamente al acosador de la escuela con su ansiedad por el rendimiento sexual, Otis establece un negocio de asesoramiento sexual con Maeve, una compañera de clase confiada pero problemática, para educar a sus compañeros y de paso a la audiencia, sobre cómo lidiar con sus propios problemas sexuales. De este modo, inicia una de las mejores series de los últimos tiempos.

Para la segunda temporada, Otis será golpeado con la realidad y las presiones que conllevan un romance en la escuela secundaria, tendrá que pregonar con la práctica y eso no le será nada sencillo. Con la adhesión de nuevos personajes, la trama no hace más que enriquecerse. La escuela reconocerá que contar con una profesional para tratar sin tabúes la sexualidad y el sexo será lo más conveniente, en medio de una enorme diversidad de personas, situaciones y contextos. De este modo recibimos la tercera temporada de Sex Education que, lejos de verse monótona o repetitiva, regresa con una propuesta interesante, pues si bien el sexo, la sexualidad y la identidad sexual pueden ser dilemas juveniles y de crecimiento, cuando esto se ve superado quedan las relaciones, los vínculos, el amor, la familia y la vida. Mentiría si dijera que en todo este tiempo esta serie no me ha enseñado algo, todo lo contrario. Si miramos con atención, es posible que derrumbemos algunos prejuicios.

Brilla por la diversidad de sus personajes, cada temporada nos presenta nuevos con sus propias complejidades. Y aquellos ya establecidos nunca se quedan estáticos, evolucionan y adquieren tridimensionalidad. De tal modo, esta temporada nos trae al primer personaje no binario, que tendrá un protagonismo importante, sobre todo porque propone todas aquellas características que pueden ser difíciles de comprender y, lejos de juzgarlas -y como propio de la serie-, apuesta por educar a los espectadores encaminándonos hacia la empatía.

Otro punto importante para esta temporada es la lucha de las ideas del pasado, plasmadas a través de la nueva directora, Hope, contra la apertura del presente en la escuela. Y si bien en las temporadas anteriores caminábamos con los protagonistas rumbo al autodescubrimiento, hacia la libertad y comodidad frente al sexo; ahora nuestros personajes serán retados y cuestionados respecto a la liberación sexual y de género conseguidas.

Es muy inteligente por parte de los guionistas presentar a Hope como un detonante para que nuestros personajes redescubran su identidad, defiendan sus ideales y levanten su voz frente a la intolerancia. Hope no es mala, representa la ignorancia, y su intención es hacer de Moordale High una escuela mejor desde su propia consideración, desde lo que ella cree correcto. Esto deviene en un encuentro de ideologías, que saca a los espectadores del estado de confort en el que nos habían situado las primeras temporadas. En esta ocasión serán los jóvenes quienes tendrán que defender sus creencias, denotando valentía debido a la complejidad de las situaciones que se llegan a retratar.

Me emociona mucho ser testigo del crecimiento y madurez de los personajes. Se conocen y se aceptan como son, no solo a sí mismos sino también en el abanico diverso de sus relaciones. Ahora se pueden ver formando parte de un entorno más grande que ellos, en el que interactúan muchos actores alrededor. Ahora es cuando se preguntan qué es lo que quieren realmente, qué los hace felices, adónde quieren llegar; cuestionamiento que se irá replicando a través de los diferentes personajes de la serie, adultos y jóvenes.

Sex Education rompe con la ilusión de las relaciones perfectas, o incluso inalcanzables. Nos habla del cambio permanente, no importa lo jóvenes o adultos que seamos, las circunstancias y el contexto nos orilla a cambiar. La madre de Otis comienza la serie teniendo claro que no quiere comprometerse, pero esta temporada pondrá todo su esfuerzo para que su relación funcione; para Otis podría representar una gran victoria el salir con la chica más popular, pero esto no lo hace feliz, ha cambiado, ahora sabe exactamente lo que quiere. Por poner un ejemplo, pues este crecimiento es notorio en todos los personajes de la serie.

Si bien presenta diferentes tipos de personas, e incluso las segmenta, no llega a caricaturizarlas ni a devaluarlas. La serie simplemente los presenta como son, con la intensidad necesaria para verlos más allá de la superficie, evitando el prejuicio, invitando a la audiencia, una vez más, a ser empática y reconocer que todos somos libres de creer en lo que queramos si con eso no dañamos a nadie. Esto se deja ver en el personaje de Lily y su creencia en los aliens, tan diferente, tan intensa, tan genuina en sí misma y por ende tan valiosa.

De este modo, la serie consigue mostrar no solo los diferentes rostros de sus protagonistas, sino que también hace un excelente trabajo para mostrarnos las diferentes formas en las que se relacionan, ya sea sexual, romántica o familiarmente. Y hablando de familias, esta es la temporada en la que mejor escritos y dirigidos están los personajes adultos; no se ven como una intromisión, fluyen coherentemente y tienen sus propios conflictos.

Podría seguir escribiendo sobre las miles de cosas que son acertadas en esta serie: el trato al personaje de Isaac presentado con absoluta dignidad y sobriedad -una vez más educando a la audiencia-, el camino de Adam hacia su propia aceptación, el gran tratamiento del personaje de Cal y su relación con Jackson, la evolución de Maeve y el gran planteamiento en torno a Aimee, dejando en claro que la violencia sexual deja huellas y voltear la página es mucho más difícil de lo que parece. Pero no es necesario, porque la serie no da lugar a interpretaciones, lo que ves es lo que hay y lo único que le pide a su audiencia es mantener la mente y el corazón abiertos, para aprender, empatizar, ser mejores personas y construir una mejor sociedad.

En conclusión, Sex Education puede llegar caricaturizar ciertas situaciones, sin embargo es propio de la estética y la narrativa que plantea. Dicho esto, la serie deja en claro que la vida es un recorrido constante por un camino sinuoso; no existe una meta a la que hay que llegar, estamos en constante crecimiento y aprendizaje, somos seres complejos que afrontamos distintas adversidades conforme vamos creciendo, y que el sexo sano, voluntario y consentido puede ser fantástico y disfrutable por cualquier persona sin distinción. No obstante, no es el todo en las relaciones humanas.

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